Orgasmo versado

La noche callada te aclama
y tú, enredada en mis sábanas,
te mueves remolona entre
mis costillas.
Descuelgas tu pelo en los sueños
y ahí me columpio hasta el día.

Quiebras cada beso de mi cuerpo
y deshonras el santuario de tu boca
bajando por mi espalda
fugaz y sin ropa.
No eres real, nunca lo fuiste. 

Crees que las colinas son altas,
pero no te has visto desde aquí.
Perderías la cordura alcanzando tu mirada
pero no te has ido aún 
y mi prosa se calma contigo.

Herida,
lasciva,
fugitiva,
inmanente,
previsiva,
rota,...

Te lanzas a mis brazos
y yo solo sé que el sol no sale por el oeste.
Que en las noches sin luna 
son tus manos quienes me llenan;
te derramas por la habitación.

¿Crees que no te reconozco?
Siempre vienes tras la pesadilla.
Eres el sueño de nadie,
porque ni Dalí
se atrevería a soñarte.

Tienes la lengua más bonita del mundo,
 pinta de clamores los mejores placeres.

Eva Neruda.



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